—¡No seas tramposo! —dijo Hana. Ahora que ambos estaban en sus formas de lobo, podían comunicarse. Alguien en su cuerpo humano sólo entendería ladridos y chillidos provenir de ellos, pero ellos sí podían entenderse completamente. —¡Eso no es justo!
—Claro que es justo, no seas llorona. —Hana se quejaba debido a que durante su juego de mordidas, el ganador era quien lograba derribar al otro. Ya iban más de ocho rondas, todas ganadas por el Alfa. Hana no podía hacer caer a ese enorme lobo por más