—Entonces... ¿por qué preguntaste eso?
—Nos enlazamos hace tres semanas, y en este tiempo padeciste de náuseas repentinas sin aparente razón. —el de tez pálida le observó de reojo—. Llamé al médico porque necesito saber si mi sospecha es acertada o no.
—¿Sospecha de qué? —susurró, encajando las piezas dispersas—. ¿En serio crees que yo...?
—Podrías estar en estado. —se adelantó—. Los síntomas, el lapso de tiempo, que los cachorros del orfanato se sintieran tan atraídos por tu aroma, incluso te