Jade rió, intentando cubrir con ello la verdad.
—¡Oh, entiendo! Aún no lo sé, la Omega Luna dijo que se lo diría cuando estuviese preparada. Hasta entonces no le cuente de esto a nadie, por favor. —contestó, aliviada de haberse oído convincente. Cuando la sirvienta asintió antes de irse, prometiéndole su palabra de silencio, Jade dejó escapar el aire retenido en sus pulmones. No quería saber cómo reaccionaría la manada al enterarse de la verdad...
Minutos más tarde, Jade se encontraba cuidando