Capítulo 61. Sí, puede.

Los ojos de Zacarías se abrieron desmesuradamente y su primer instinto fue salir corriendo de allí a toda prisa.

Los oídos de Oliver se aguzaron y ese sonido de pasos se convirtió en una carrera y no de pies humanos.

—Sabía que había una rata escondida… —gruñó molesto—. ¡Y lo ayudaste a escapar!

—No olvides tu parte del trato —le recordó con cautela—. Si tú cumples, yo cumplo, así de simple, padre.

—Tu madre nunca habría hecho una tontería como esa.

—Penélope no es mi madre, no la subas de rang
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