Capítulo 59. Ya se de lo que soy capaz
En la piel del muchacho, varios moretones se comenzaban a hacer visibles. Marciel tenía la cabeza agacha y los ojos húmedos. Para Nero aquello se lo merecía, se merecía eso y mucho más por lo que había hecho en contra de ellos, pero alguien en aquella sala pensaba diferente.
El primer instinto de Luz fue tomar aquel botiquín que había dejado una de las enfermeras encima de una de las camas vacías y luego arrodillarse frente a Marciel.
—¡No me toques! ¡No necesito que una miserable y asquero