Con mucho esfuerzo se removió en la camilla, escuchando de fondo el “pi, pi, pi” de las máquinas de la clínica privada de su esposo. Abrió los ojos y pestañeó repetidas veces, tratando de adaptarse a la luz. Desorientada miró a su alrededor: todo blanco y demasiado limpio. Y aquel olor a medicamentos y a… odiaba los hospitales o todo lo que tuviera que ver con la salud. Desde el olor, el color y todo el ambiente tan frío.
—Señora Vescari, qué alegría, ha despertado —entró una mujer de mediana e