Livia
Los recuerdos se acumularon en mi cabeza como flashes, recuerdos vívidos en los que aquel hombre que toda la vida dijo ser mi padre me sometió a una constante tortura física y psicológica, donde me culpó por crímenes que nunca cometí. Aquel ser no era capaz de amar a nadie que no fuera él mismo; sentía placer al causar dolor, al ver el tormento de quienes, se suponía, debía proteger.
Por eso mismo, no me dolió cuando Alessio elevó el hacha que separó su cabeza de su cuello, rodando hasta