Livia
Me incliné a su boca, tomándola despacio, dejándome sentir la suavidad de su piel y el aliento acariciando el mío. Jamás imaginé que un hombre fuera capaz de hacerme sentir tantas cosas, pasar de la rabia al deseo de un momento a otro.
—¿Qué pasa? ¿No puedes negarlo? —susurré contra sus labios, sujetando sus manos y apartándolas ligeramente de mi rostro.
—No —respondió, apartándose y poniéndose en pie, caminando de regreso a la cama.
—¿Por qué no me dijiste lo que planeabas hacer? Estuve