Livia
Salí de la cama, despacio y con cautela. Él seguía dormido y no quería tener que conversar. Había llegado por la mañana, habíamos follado como dementes y después se había quedado dormido. No sabía qué tanto había hecho por la noche para que tuviera ese olor a sangre y humo, pero suponía que nada bueno.
Me vestí con unos vaqueros y salí de la habitación, bajando al despacho, pero no había nadie. Todo el lugar era un completo silencio. Caminé por los jardines hasta encontrar a Piero, que mo