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La expresión de Erwin al verme entrar a la amplia habitación que oficiaba de cocina y comedor de diario delataba que había escuchado lo que acababa de hablar con su nuera. Dejó lo que estaba haciendo para acercarse a la mesa, esperando la reprimenda que sabía en ciernes.

—¿Mejor no entrometernos? —repetí iracundo—. ¿Y qué harás cuando traten de atacar a una de las nuestras?

—Ya lo intentaron —dijo Kendra entrando a la casa—. Mis hijos mataron a los tres.

Erwin enrojeció h

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