Mundo ficciónIniciar sesiónContuve el impulso de acariciarle el pelo, como hubiera hecho para calmar a uno de los míos.
—Tranquila, estás a salvo —agregué cruzando mis manos dentro de su campo visual, para que supiera que no era mi intención tocarla—. Gracias por ayudar a mi esposa, aun a riesgo de resultar herida.
Asintió tratando en vano de serenarse y volví a erguirme, retrocediendo para ayudarla a sentirse más segura. Su miedo comenzó a limpiarse como por encanto, confirmando mis sospechas.
Me







