Mundo ficciónIniciar sesiónIgnoraba si al ser capturado se había cerrado por instinto. O tal vez como no me reconocía, y me veía tan parecida a Olena, no sabía que podía hablarme de esa forma.
Agregué aceite de pino al agua tibia y hundí mi mano para revolverla. No había escuchado a Olena en el pasadizo, pero no iba a arriesgarme a que adivinara lo que ocurría.
—Mael —lo llamé, todavía mirándolo a los ojos mientras revolvía el agua.
Silencio. ¿Era posible que hubiera olvidado su propio nombre?







