El silencio que siguió a la llegada del cuervo de sombra fue esclarecedor, roto únicamente por mi respiración entrecortada y el crujido de los troncos consumiéndose en la inmensa chimenea de mármol.
Mi cuerpo entero temblaba, víctima de un cóctel tóxico de adrenalina pura y un deseo sexual tan intenso que dolía físicamente. Me deslicé por la pared de piedra helada hasta sentarme en el suelo, abrazando mis rodillas contra mi pecho, intentando que el latido errático de mi corazón volviera a un ri