POV: Narradora Omnipresente
Como si las nubes mismas fueran conscientes del acero que empezaba a congregarse en los patios inferiores, el cielo se tiñó de gris plomizo. El amanecer sobre el Palacio Dorado no trajo el resplandor cálido que solía bañar sus cúpulas de obsidiana y oro. El aire, saturado de una humedad eléctrica, portaba el aroma inconfundible del aceite de linaza, el cuero curtido y el azufre de la magia de sombras.
No había cantos de aves.
Solo el rítmico y metálico chocar de las