La palabra quedó suspendida en el aire, una afirmación fría y plana que era una sentencia de muerte para todo por lo que habíamos luchado. El recipiente es la incógnita suprema. El que puede crear vida. El que puede crear un alma.
La sangre se me heló, un frío lento y reptante que no tenía nada que ver con el aire. Era un nudo duro y gélido de terror puro y sin adulterar. La amenaza ya no era una fuerza externa; era un objetivo. Estaba dirigida a mí. A nuestro hijo.
El brazo de Ronan se tensó a