El sonido de la puerta. El sonido de la puerta abriéndose. Era un tintineo bajo y rítmico, un sonido que no era realmente un sonido, sino una vibración que resonaba en lo más profundo de mis huesos. Era un reloj. Una cuenta atrás.
Lo sentí en los huesos, un zumbido grave y constante que estaba en perfecta sincronía con el pulso de la cápsula de estasis vacía en el búnker. La puerta se estaba abriendo. Estaba contando los segundos.
“Algo está pasando”, susurré, mi voz cruda, aterrorizada. “Es la