Una hija.
Las palabras no solo quedaron suspendidas en el aire, sino que se cristalizaron y cayeron dentro de mi alma como dagas heladas y afiladas. Una hija. Vigo, la serpiente fría y calculadora que había orquestado mi encarcelamiento y mi sentencia de muerte, tenía una hija. Un secreto que amaba más que al poder.
La idea era tan extraña, tan ajena al monstruo que había construido en mi mente, que tardé diez segundos completos en comprender las implicaciones. Esto no era solo una debilidad. Er