El amanecer tras el ataque fue gris y falto de alegría. El fuego se había reducido a un montón de cenizas grises, y el aire se sentía ralo, como si el enemigo hubiera robado parte de su sustancia. Nadie habló mientras levantaban el campamento. La camaradería fácil que había sido su escudo había desaparecido, reemplazada por un silencio tenso y vigilante.
Ronan se movía con una quietud depredadora, sus ojos escaneando constantemente los árboles, no en busca de una amenaza física, sino de ese sut