El camino de salida de Oakhaven era una cinta de tierra compacta que serpenteaba hacia las estribaciones de las montañas del Diente de Dragón. Con cada paso que daban alejándose del pueblo, el ruido físico de la humanidad se desvanecía, reemplazado por el susurro del viento a través de la hierba y el chirrido de los grillos. Para Elara, sin embargo, el mundo solo se volvía más ruidoso.
El grito psíquico de mil tragedias era una presión constante y demoledora detrás de sus ojos. Un granjero perd