Capítulo 40

El silencio que siguió a la declaración de Pyralis no fue una ausencia de sonido, sino una presencia. Era el zumbido profundo y resonante de una nueva realidad naciendo. Los cuatro —Ronan, Nini, Lyra y yo— permanecíamos en el centro de la cámara, con las cuatro motas de luz que él nos había dado brillando suavemente en nuestros pechos: una manifestación física de la Constelación. Ya no éramos solo una manada, una alianza o un Triunvirato. Éramos un único ser multifacético, una constelación de p
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