El silencio en el corazón del volcán era algo pesado y opresivo, espeso por el olor a azufre y el latido rítmico y grave del Nexo durmiente. Cada mirada estaba fija en el magma incandescente y el hielo azul brillante, en la geoda imposible que era a la vez prisión y tumba.
—El sistema está fallando —Kael rompió finalmente el silencio, su voz un raspe seco de miedo ancestral—. La presión aumenta. Las grietas son el síntoma de una enfermedad más profunda. El dolor del mundo es un ruido discordant