El viaje de regreso desde la montaña fue una peregrinación a través de un mundo hecho nuevo. El bosque, que antes no era más que un telón de fondo de nuestros desplazamientos, era ahora un tapiz vivo y palpitante de conexiones intrincadas. Podía ver la fuerza vital pulsando en los árboles, la lenta y paciente descomposición de un tronco caído alimentando el nuevo crecimiento bajo él, la danza delicada y brutal de una araña tejiendo su telaraña. El mundo ya no era una colección de objetos separa