El silencio que siguió no fue el Silencio estéril y aplastante de la Aguja. Era una quietud viva, que respiraba, llena de los sonidos distantes y confusos de una ciudad despertando de una pesadilla. En la cámara de transmisión, la única luz provenía de las chispas que aún morían en los paneles de control y de la suave luz gris que se filtraba por las ventanas mugrientas.
Elina estaba arrodillada, con la cabeza de Kaelen en su regazo. Él estaba pálido y su respiración era superficial, pero estab