Pasaron las semanas. Cuanto más se alejaban de Veridia, más silencioso se volvía el mundo de Kaelen. Los ecos psíquicos de un millón de corazones que despertaban pasaron de un estruendo ensordecedor a un zumbido distante y tolerable, como el sonido del mar. Ya no se estaba ahogando; estaba aprendiendo a nadar en el océano de la emoción humana.
Se abrieron paso a través del paisaje marcado por cicatrices, un mundo que volvía a la vida a trompicones. Pasaron por aldeas donde la gente miraba fotog