El viaje hacia el este fue diferente. El mundo seguía herido, los temblores psíquicos aún eran un zumbido constante y bajo bajo sus pies, pero Kaelen ya no era un receptor pasivo. Era un participante activo. Caminaba con su flauta en la mano y, mientras viajaban, a veces se la llevaba a los labios y tocaba.
La música no consistía en las melodías alegres y esperanzadoras de su juventud. Era una melodía compleja y melancólica que parecía responder al dolor en el viento. Era una contramelodía. Cua