El plan estalló con un rugido.
Fen no se escabulló ni usó estrategias. Irrumpió desde el callejón como una fuerza de la naturaleza, un grito primario de desafío contra el silencio impuesto. Agarró un puesto del mercado cubierto de gris y, con un arranque de puro músculo, lo volcó. El estrépito de la madera y la cerámica fue un trueno en la plaza silenciosa.
—¡NO MÁS GRIS! —bramó, con su voz como un filo crudo y dentado contra el cántico suave y monótono.
Los Llorones se giraron al unísono, sus