La palabra resonó en el silencio repentino y sofocante del patio de entrenamiento. Cazada. Era un miedo primitivo, del tipo que persigue a la presa en la oscuridad. Mi pasado no era solo una sombra de la que había huido; era una manada de lobos, gruñendo a mis talones, y acababan de rastrearme hasta mi nuevo y frágil santuario.
—No puede hacer eso —balbuceé, sintiendo las palabras frágiles e inútiles—. Me rechazó. No soy nada para él.
La risa de Ronan fue un sonido áspero y sin humor.
—Nunca fu