Lorenzo le ofreció Génova.
No lo presentó como un exilio ni como una huida, sino como una arquitectura posible. Había una institución en Génova, la Fundación Costera Ligure, con la que llevaba once años colaborando y que podía activar los registros del fideicomiso Salvatierra-Costa desde jurisdicción italiana si Adriana se presentaba en persona como titular. Desde allí, con la firma de Salucci y la autenticación de Mareterra, sería posible iniciar el bloqueo preventivo de la tutela antes de que