Beatrice movió a las nueve y cuarenta y siete de la noche.
No de forma dramática. Nunca era dramática cuando hacía algo importante. Ese era su talento más peligroso: mover piezas sin que pareciera que estaba moviendo nada. La llamada entró al teléfono principal de la villa como una consulta de cortesía. El médico de la casa necesitaba revisar a Adriana esa misma noche por una actualización del expediente. Era rutina. No debía preocuparse. El coche estaba en la puerta.
El coche estaba en la puer