La fuente pidió verse en un hotel donde el miedo pudiera confundirse con discreción.
Lucia Morel eligió el Metropole porque en Mónaco casi todo el mundo mira, pero en ciertos sitios nadie se permite parecer curioso. El hall olía a flores blancas, cuero nuevo y dinero viejo bien ventilado. El mármol devolvía las voces con una cortesía impecable. Dos turistas ricos fingían no serlo. Un ejecutivo ruso fingía no escuchar el francés de la mujer que lo esperaba. El personal fingía que ninguna de esas