El beso seguía en la boca de Adriana cuando entendió que Bianca había robado la tarjeta.
No como un recuerdo difuso. Como una presencia física: el calor de él todavía reconocible en sus labios mientras Damián desplegaba el informe de acceso sobre la mesa y señalaba la franja de tiempo en que alguien había entrado con la tarjeta de visitante al archivo de la galería.
Cuatro de la madrugada. Siete minutos. Salida limpia.
La única persona con acceso a esa tarjeta aparte de ellos dos era Bianca.
Adr