La fotografía no necesitó más tiempo para volverse insoportable.
Mara entraba a Monteluce con el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante, como si quisiera pasar sin ocupar demasiado espacio. El pañuelo claro, las gafas oscuras, el abrigo sobrio. Nada en la imagen parecía diseñado para llamar la atención. Precisamente por eso resultaba irrebatible. No era una puesta en escena ni una foto de gala mal leída por la esperanza. Era el tipo de registro que existe porque alguien estuvo allí, porque u