Bianca no golpeó la puerta del balcón.
La abrió como si el aire también le perteneciera.
Adriana se apartó de Franco un paso demasiado tarde y demasiado rápido, lo bastante para delatar que había algo de lo que apartarse. El error le subió por la espalda con la violencia privada de los movimientos que nadie debería haber visto.
Bianca entró con una copa en la mano y una expresión impecable que ya no fingía neutralidad.
—Perdón —dijo, sin una sola molécula de disculpa—. Hay un problema.
Franco n