La oferta de Tomás llegó once minutos antes de que Gael Robles tomara el micrófono.
Eso era lo primero que valía la pena registrar: no había esperado a ver qué decía su propio instrumento. Había actuado mientras Gael todavía estaba en el trayecto hacia el salón de prensa, lo cual significaba que la nota de Lucía había causado suficiente daño como para que Tomás de la Vega no pudiera sostener su ritmo habitual. Para un hombre cuyo poder descansaba en la paciencia de quien sabe que el tiempo trab