La hoja llegó doblada dentro de un paquete de café que nadie había pedido.
Damián la encontró en la puerta lateral del refugio a las siete y doce de la tarde, metida entre una bolsa de granos etíopes y una factura falsa de un proveedor de Monte-Carlo que llevaba tres años cerrado. No subió enseguida. Revisó primero el perímetro, hizo dos llamadas, dejó que Franco comprobara la firma del recibo y solo después llevó el paquete al archivo del primer piso, donde Adriana seguía con la pantalla de Lu