Tardaron cuatro horas en entender lo que tenían.
No porque el documento fuera difícil. Porque el fideicomiso Salvatierra no era un instrumento simple y Adriana se negaba a simplificarlo antes de haberlo leído entero. Franco había aprendido que esa negativa no era meticulosidad académica sino una forma de respeto hacia la persona que lo había construido, y había aprendido también que interrumpirla en ese proceso era el tipo de error que se pagaba con la pérdida de algo que ninguno de los dos pod