La bajada al subsuelo no figuraba en ninguna de las reglas.
Adriana lo supo porque Franco no la condujo a la sala común, ni a la cocina, ni al pequeño comedor donde hasta entonces habían aflorado los hallazgos importantes. La esperaba en el pasillo del primer piso, con una llave en la mano y una expresión más cerrada de lo habitual, como si lo que venía no fuera solo información, sino una forma distinta de entregarla.
—¿Dónde vamos? —preguntó Adriana.
—A ver cómo trabaja una casa cuando decide e