Nadia.-
— No me iré sin tu madre –responde con altivez, de reojo veo como mi madre lo mira con sorpresa aunque no dice nada.
— Si mi marido o yo te lo exigimos no puedes oponerte, esta es mi casa, iré a ver a Aleksi.
Decido alejarme y dejarlos en medio de las escaleras, al llegar a la casa de la piscina, los guardias me dan un asentimiento señal de respeto.
— ¿Cómo está? –pregunto con autoridad.
Ellos me responden, dándome a detalle el informe de cada conversación que Aleksi y mi madre han