Emily camina de un lado a otro furiosa con Nicolay por haberla dejado encerrada en esa habitación. Como un pájaro en una jaula de oro. Como si ella fuese una prisionera que no merece la confianza de permanecer en un lugar plena de libertad.
—¿Qué se cree ese animal? —el grito furibundo llena la estancia —¡no soy su maldita muñeca! —vocifera a la nada —¿has escuchado maldito Nicolay? ¡no soy tu muñeca rusa!
Golpea la puerta con los puños, lastimándose un poco las manos, pero no le importa. Prefie