La tarde de se convirtió en noche, esa que cae sobre la mansión Romanov como un manto pesado. Las tazas de porcelana quedaron huérfanas en la mesita de centro, las luces están bajas, los pasillos en silencio. Nicolay observa a la niñita inocente y vulnerable que le habla de su hermana con tanta esperanza que, no puede negarse, el corazón le late con una inquietud que no sabe nombrar. Becky lo toma de la mano con decisión infantil cuidando de no lastimarlo. Pero él no piensa en el dolor, solo p