El Duque salió de la sala y se encontró con la pequeña Ana; esta le contó un oscuro secreto que solo corroboró lo que él ya pensaba, pero este colocó el dedo índice atravesado sobre sus labios para que la niña no dijera nada de lo que se pudiera arrepentir y luego la amonestaran por ello.
— Ella no es tan linda —dijo la pequeña con la nariz arrugada.
— Sí lo es, Ana, es muy bella —arrugó el entrecejo y Mason sonrió.
— ¿Entonces por qué no la quieres como esposa? —Ella negó con la cabeza.
— Porq