—Perdón por la intromisión —hizo una reverencia tan perfecta y elegante que él mismo se asombró, ya que era un irreverente—, mi nombre es Mason Campbell, Duque de Cambridge. —La sala quedó en un mutismo casi divertido al atraer completamente las miradas de los hombres hacia su persona.
Casi se le salió una carcajada al ver el azoramiento de los hombres, mayores casi en su totalidad.
— ¡Jesús de la buenaventura! ¿Ha dicho Campbell? —Mason asintió al ver acercarse a un hombre que vestía una rara