— ¿AnnMarie? —inquirió Clarisse, queriendo acercarse.
La menuda figura de su amiga se vislumbraba entre las sombras de las velas que apenas proporcionaban un poco de luz a la estancia. Clarisse deshizo el agarre de su prometido y se acercó a la jovencita, que temblaba como una hoja a causa de los sollozos.
Entonces se fijó en que su vestido se encontraba rasgado y, al intentar tocarla para verificar que se encontraba bien, la jovencita se retiró de ella temerosa; pero pudo ver perfectamente el g