La tristeza de Clarisse era tan evidente que resultó imposible que el Duque de Cambridge no lo notara, y ella tuvo completa conciencia de ello porque, al mirarla, los hermosos ojos azules de Mason se agrandaron y prácticamente corrió hacia ella. Su vulnerabilidad afloró, más aún al ver la genuina preocupación que él reflejaba; su labio inferior tembló y lo retuvo entre sus dientes. El temblor de sus manos era tan incómodo que las restregó entre sí para tratar de menguar el frío que la recorría;