Los jadeos de Kristen y Viviane hicieron girar a Clarisse, quien corrió hacia ellas para abrazarlas y retener su propio llanto. La rabia la consumía, pero no podía gritar ni faltarle al respeto a su padre ante la presencia del facultativo; sin embargo, ahora todo encajaba. Las misteriosas salidas a otro condado, el cuidado excesivo hacia su madre de un momento a otro y lo tardío de aquel simple viaje.
— ¿Qué? —La pregunta de Kristen murió en un llanto desconsolado.
Clarisse las dirigió al silló