El cuerpo del Duque tembló visiblemente ante el roce delicado de los labios de su prometida; la sensación lo arropó como si fuese una manta tibia y él estuviese helado hasta los huesos. Jamás una mujer había tomado esa iniciativa hacia su persona, ya que el atrevido y descomedido siempre había sido él. Los jadeos horrorizados de los comensales se escucharon en el salón, y el chirrido que hizo una silla al deslizarse de manera agresiva lo hizo despertar de su encantamiento.
— Esto es una falta d