Al ingresar a la salita de té, se encontró con miradas desaprobatorias: sus padres se hallaban sentados en un sillón doble frente a la Duquesa, quien la miró con una sonrisa en los labios. Se percató de que el postre estaba servido y se encontraba huérfano en la pequeña mesa, junto al té ya frío perteneciente a las tres personas que tenía enfrente.
Respiró profundo, sintiéndose una mala persona; en aras de querer aplacar la ira de su prometido, había desencadenado en su lugar una batalla campal