Capítulo 127 —Un veneno más
Narrador:
Tony abrazó a Camilas. No fue un abrazo romántico. Fue un movimiento instintivo, protector, urgente. Como si su cuerpo entendiera antes que su cabeza que, después de la sangre y los gritos, lo único sensato era sacarla de ahí.
—Ven —le dijo al oído, pegándole la boca al pelo—. Te llevo a una camioneta. No tienes que quedarte.
Camila, que había sostenido el temblor por pura terquedad, asintió apenas. Tenía la garganta cerrada, el corazón desbocado y una rabia