—¿En qué parte estaba?
—Aquí —caminó hasta el filo de la piscina—. Justo ahí, joven.
Arvid miró hacia el lugar donde encontró a su madre, levantó la mirada hacia lo alto y, con el ceño fruncido, imaginó su caída. ¿Por qué, si se iba a suicidar, se lanzaría de espaldas? ¡No tendría sentido!
—¿Hay algún otro pedazo por ahí?
—No, era el único.
Apretó los labios y agradeció a Diego. Ingresó a la casa y le pidió a la empleada que lo ayudara a buscar el teléfono de su madre. Buscaron por todas partes