—¡Deja a mi hija, infeliz! —la madre de Camila llegó y trató de apartar a Arvid de su hija. Este estaba cegado por el odio, la ira, las ganas de cobrar venganza por su madre con sus propias manos. Al ver que Arvid se negaba a soltarla y que poco a poco Camila iba perdiendo las fuerzas, agarró un florero y lo quebró en la cabeza de Arvid. Este cayó al suelo y dejó en libertad a Camila, quien cayó en el mueble tocando su garganta con ambas manos y tratando de normalizar la respiración.
—¡Mamá! —d